El Mercurio | Migración: Una cuestión de Derechos Humanos – Francisca Vargas

Nuestra directora de la Clínica Jurídica de Migrantes y Refugiados UDP, Francisca Vargas, firmó una carta junto a otras organizaciones que apoyan a migrantes sobre la necesidad de actualizar la legislación que existe actualmente en nuestro país sobre el tema.

La carta completa a continuación:

Señor Director:

En el editorial del 30 de diciembre “Postergación y descontrol migratorio” se critica la inacción normativa y de gestión que el Gobierno actual ha tenido en materia de migraciones. Junto con ello, se sugiere cuáles son las medidas claves e inmediatas a tomar.

Coincidimos que en materia legislativa fueron cuatro años perdidos. No solamente se perdió la oportunidad de avanzar en un tema urgente y que era parte del programa presidencial, sino además se dejó un anteproyecto, construido con la activa participación de la sociedad civil, a medio camino, para luego ingresar a tres meses de la elección presidencial un proyecto redactado en la Subsecretaría de Interior, incoherente y que no cumple en el articulado con el enfoque de derechos que señala contener en la introducción.

No obstante, es necesario reconocer que a partir de medidas administrativas en estos cuatro años se realizaron avances en materias como salud, educación, regularización de niños y niñas, capacitación para el empleo, postulación a subsidios de vivienda, nuevas figuras de visas que facilitaron regularización, entre otros.

Todas estas medidas aisladas y sin un marco general son positivas, pero están lejos de significar una política robusta que asegure a buen estándar los derechos de los migrantes. En ese sentido, coincidimos con la urgencia con que se necesita una ley migratoria como medidas ejecutivas que mejoren la situación actual. Una nueva ley, pero no cualquier ley.

El futuro gobierno debe tener presente que migrar es un derecho humano reconocido por la Organización de Naciones Unidas desde el año 1948 y consagrado en la Convención Americana sobre Derechos Humanos, y una expresión de la libertad humana que se ejerce con cada vez mayor intensidad en el mundo entero. Es a partir de esta realidad insoslayable que debemos pensar las políticas migratorias.

Con esa perspectiva, es claro que se debe no solo promover, sino también garantizar la regularidad migratoria de quienes vienen a aportar con su trabajo al desarrollo de este país. Es necesario que las condiciones para el ingreso estén expresamente establecidas en la ley y respeten el derecho a la libre movilidad de las personas, para reducir la discrecionalidad en la frontera. Se debe contemplar además una categoría de visa que permita entrar al país a quienes vienen a buscar trabajo o a realizar cualquier actividad lícita, sin tener que mentir diciendo que vienen como turistas, u obligarlos a pasar por el calvario administrativo que exige un contrato de trabajo para obtener la residencia, pues en la práctica es un requisito contar con la residencia para obtener un contrato.

Más que promover una migración selectiva, sobre la base de visas consulares establecidas discrecionalmente, que además de ser ineficientes abren -tal cual ha quedado demostrado por la experiencia- el camino a traficantes de personas e incentivan la irregularidad migratoria, debemos pensar una política que asegure a todas las personas, independientemente de su origen o color de piel, el acceso a los derechos sociales en igualdad de condiciones que cualquier ciudadano o ciudadana de este país. Esta es la base para permitirles volverse protagonistas de su propio sustento y cumplir su proyecto migratorio aportando al desarrollo de la sociedad. Un primer paso urgente en esta dirección es impulsar un proceso de regularización extraordinario que rectifique la irregularidad en la que han caído muchos por la ineficacia de la política de frontera.

El camino de la inclusión y el reconocimiento de los derechos humanos no es solo el deber ético respecto de los y las migrantes, sino que es la única forma para que la migración se muestre como la gran oportunidad que constituye para Chile. La exclusión y la irregularidad a la que estamos condenando hoy en día a los migrantes es, al contrario, una ecuación que suma cero, donde ni nuestra sociedad ni las personas migrantes ganan.

Debemos regular, actuar y legislar respecto a la migración. Pero antes debemos cambiar de mirada y entender que la migración es una cuestión de derechos humanos.

Eduardo Cardoza
Movimiento Acción Migrante

Carolina Stefoni
Directora Programa Interdisciplinario de Estudios Migratorios UAH

Eduardo Thayer
Presidente Consejo Nacional de Migraciones

Pablo Valenzuela Mella
Director Servicio Jesuita a Migrantes

Francisca Vargas Rivas

Directora Clínica Jurídica de Migrantes y Refugiados UDP

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