La Tercera | Migración around the world: estamos rodeados – Francisca Vargas

En principio, el título de esta columna puede parecer alarmista o conspiracional, pero cuando hablamos de migración, lo cierto es que estamos rodeados. Quizás, en este país desigual, usted, estimado lector, pensó en Santiago, pensó en el comercio y dijo “Sí, estamos rodeados de inmigrantes”. Pero no, no me refiero a ese cerca de 5% de población migrante en Chile, sino a quienes propagan discursos racistas, xenófobos, nacionalistas, egoístas y con absoluto desconocimiento del Estado de derecho en que vivimos. Lo peor es que no estoy pensando sólo en Chile, sino también en el resto del mundo o en quienes, lamentablemente, concentran gran parte del poder.

¿Se acuerda usted de esos chistes machistas del tipo “en qué se parece una mujer a (inserte alguna cosa)”? Aquí va una frasecita como esas, pero que, desafortunadamente, no es en broma: ¿en qué se parece Donald Trump al gobierno de Sebastián Piñera en materia de migraciones? En que ambos, en ese ya inentendible – y un poco infantil – rechazo a las personas migrantes, plantean expulsiones de una u otra forma masivas, sin las debidas garantías de un debido proceso, criminalizando la migración.

“No podemos permitir que esta gente (refiriéndose a quienes cruzan irregularmente la frontera) nos invada”, dice Trump, planteando la reconducción inmediata, sin procedimiento judicial, para quienes ingresen de esta forma. “Reconducción inmediata”, por cierto, es el título de uno de los artículos que más contraviene los estándares internacionales de derechos humanos del actual proyecto de ley de migración y extranjería impulsado por el Presidente Sebastián Piñera. Pero eso no es todo: “Vamos a pasar las dos mil expulsiones este año” asegura el subsecretario del Interior, Rodrigo Ubilla, como quien se vanagloria de los goles que espera sumar en un partido, agregando que, en una segunda y tercera etapa de expulsiones, el enfoque estará en quienes estén en el país en situación irregular sin antecedentes penales y quienes no se registraron en el proceso de regularización migratoria. Nuevamente, al igual que Trump, asimila la irregularidad migratoria a la delincuencia y se plantea la medida que debiera ser excepcional, la expulsión del país, sin ninguna otra consideración, no contemplando garantías de un debido proceso.

La semana pasada, el mismo gobierno chileno se alarmaba – como si nunca hubiera estado siquiera cerca de hacerlo – de la separación de familias en Estados Unidos; pero, frente a lo planteado por el subsecretario Ubilla, yo me pregunto: ¿qué pasa con aquellas personas migrantes en Chile que tienen una familia, un trabajo o deseos de una mejor calidad de vida? ¿Qué procedimiento racional y justo impedirá la separación de estas familias? ¿Cuál es, entonces, la diferencia entre esta medida y aquella que criticaron? En Chile no tenemos celdas o jaulas físicas para encarcelar a las personas migrantes en situación migratoria irregular, algunas de las cuales se encuentran en estado de extrema pobreza; sin embargo, hay celdas que, aunque invisibles, separan familias y también separan a personas de sus sueños, encerrándolas en la vulnerabilidad social, la discriminación y el estigma, y escondiéndose sigilosamente detrás de un discurso populista e ilusoriamente ordenado, seguro y regular.

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