El Mercurio | Carta de Rodolfo Figueroa
22 / 06 / 2021
Señor Director:
La expresión “voto voluntario” es redundante: el voto es un derecho político y los derechos siempre son voluntarios; solo imponen obligaciones a terceros, nunca a sus titulares. Con la misma lógica, la expresión “voto obligatorio” es contradictoria, porque implica un derecho-deber, entidad que no existe (Alexy, “Teoría de los Derechos Fundamentales”).
El voto es un elemento esencial de una democracia participativa, porque materializa la idea de autogobierno (que implica autonomía), pero si la participación es obligatoria, entonces es heterónoma, que es lo contrario al ideal del autogobierno.
Además, votar obligado no es en verdad un acto que contribuya al sistema democrático: la persona que no desee votar solo tendrá la opción de dejar la papeleta en blanco o anularla, pero, conforme a la ley, los sufragios válidamente emitidos excluyen los blancos y nulos. Por tanto, el “voto obligatorio” equivale, para quien no desee votar, a una obligación de trasladarse a un local de votación e introducir en la urna un papel que no será considerado un voto válido.
Finalmente, si un porcentaje relevante de electores no desea votar, es un síntoma de diversos problemas que pueden aquejar a la democracia (falta de propuestas, de liderazgo, de pluralismo, de legitimidad, etcétera). ¿Alguien cree seriamente que eliminar ese síntoma y establecer una obligación de traslado a un recinto electoral contribuyen a fortalecer nuestra alicaída democracia?
Rodolfo Figueroa
Académico Facultad de Derecho UDP
