Revista Mensaje | La ceguera tiene género – Lidia Casas

Irrumpió en mayo pasado de una manera que nadie lo habría aventurado. Decenas de facultades de universidades públicas y privadas paralizadas, estudiantes —mujeres— movilizadas. Podríamos decir que pasamos del malestar a la indignación y movilización de las mujeres. ¿Por qué nadie vio lo que vendría? ¿Cómo no nos dimos cuenta? Estas preguntas surgieron en radios, programas matinales de la TV y numerosos medios de comunicación. En algunos círculos había conjeturas sobre la instalación de un movimiento para destruir a las organizaciones estudiantiles, así como del anarquismo o de un feminismo radical e irracional. Sin embargo, este movimiento que se ha expresado con fuerza es producto de un encubado malestar de las mujeres, expresado en el Informe PNUD 2010 Desarrollo Humano en Chile. Género: los desafíos de la igualdad(1). Hoy las mujeres de a pie ven con optimismo, o bien con escepticismo las políticas de género impulsadas por las distintas administraciones. Esto en un escenario en que el discurso de mayor integración de las mujeres al mercado del trabajo remunerado está en constante tensión, enfrentado a una realidad en la que su inserción en la actual economía política las mantiene en una situación de discriminación estructural.

Medidas anunciadas en el último tiempo, como mejores pensiones derivadas del pilar solidario y el bono por nacimiento por hijo con efecto en el fondo de pensiones, ambas impulsadas por el primer Gobierno de Michelle Bachelet, fueron importantes, pues buscaron compensar los efectos negativos del trabajo doméstico no remunerado en un marco de predominio de trayectorias laborales accidentadas. Hasta el momento, las políticas correspondientes se han hecho insuficientes porque las remuneraciones de las mujeres se han mantenido sustantivamente más bajas que las de los hombres: debido al menor ahorro en los fondos de pensiones y la mayor longevidad de ellas, se han producido mayores tasas de pobreza entre las mujeres durante la tercera y cuarta edad, como lo resumen Gómez-Rubio, Zavala-Villalón, Ganga-León et al(2). Resultan ilustrativos también los antecedentes del último reporte de Fundación Sol respecto de las pensiones de marzo de 2018(3). Resulta evidente que hay una trampa en las propuestas de avance hacia una mayor flexibilidad laboral y una mejor conciliación trabajo-familia: estas proposiciones no rompen con el paradigma del «trabajador ideal», según este es considerado actualmente, como tampoco con los roles de género asociados al cuidado y crianza de los hijos, ni superan esquemas de discriminación estructural.

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